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domingo, 13 de octubre de 2013

LAS VENTAS AMBULANTES.

En 1986, había llegado un joven a trabajar al laboratorio de mi padre. Carlos. Venía de Buenos Aires. Me hago amigo .Charlamos bastante y con mucho humor, eh. En ese entonces, estaba en otra de mis etapas humorísticas. Un día me dice
--Voy a vender unas rifas para autos. ¿Quieres venir?. 
Fiel a mi estado de ser, me embarco en esa tarea durante algunos meses. Y nos vamos al lugar donde "contrataban" a los vendedores, por algunos pesos . O sea, nos pagaban en el día. Fuimos por toda la ciudad, y hasta Rivadavia y Buen Orden, dos ciudades aledañas a San Martín. A la secretaria de la oficina que estaba en la calle Salta de San Martín, yo la apodaba "la potra".Ja!. Carlos se reía. Ja!. Hasta fuimos a fin de año, a una pileta con un picnic incorporado. Ja!. Vendimos bastante. Ibamos casa por casa. No faltaron las "técnicas de venta". Empezaba el Oscar, vendedor ambulante.
Yo estaba en ese año con mi aventura intelectual, de Planeta Omega. Escribía en esta revista personal, y a modo de afición, como suelo hacer. Una gustada, un amor, una salida a mis energías. ¿No?. 
En 1990, vuelvo a las ventas, pero de bolsas de residuos. Impulsado por un chico que las vendía, me pregunté una mañana "¿por qué no vender bolsas de residuos"?. Y eso hice, al toque. Las compré, y las fraccioné con gusto, en el escritorio de mi habitación. Las ponía una sobre otra, de manera prolija. Comencé a salir por las casas. Vendí, eh. Pero de tanto en tanto, la fobia me acosaba. Y dejaba de vender. Eso me tenía mal, desde hacía décadas. Pero no dejaba de hacer cosas, eh. Al trabajo lo hacía, cada año, durante dos o tres meses, y luego abandonaba, hasta otro momento. . Así, por siete años, o un poco menos. Hasta que me pregunté "´¿y si vendo otras cosas"?. Entonces, me contacté con un vecino para vender alfajores. Eso hice. Después, agregué, papel higiénico. Frutas secas. Trapos de piso. Y más, y más, que no recuerdo, eh. Para el año 1989, me llega una información: un joven vecino tiene un contrato con una fábrica de bombachas, y busca vendedores de ellas. Me meti con esto. Pero no "cabadas", ja!. Pero, si con puntillas.Ja!. Agarré un maletín, puse cuatro o cinco bombachas, y a vender. El "ejecutivo" de las truzas. Ja!. Vendi varias. Pero no bajé ninguna. Otra vez será. En el año 1989, trabajaba como afición en una radio FM. Y allí le llevé una bombacha a una locutora. Nunca me las pagó. Pero...bue!. Sea una experiencia. Algo es algo, peor es nada Por algunos meses, vendía truzas, también. Luego volvería a las bolsas de residuos, para pasar a los cosméticos de Reino del Miel. Con esto estuve bastante tiempo, y aún estoy. Aunque usted no lo crea. De Ripley. En la dimensión desconocida  

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